En un mundo tan
competitivo como en el que vivimos actualmente, la educación y la calidad de la
misma, marcan la diferencia, en este sentido, el compromiso y la responsabilidad
de los docentes en la educación, han trascendido notoriamente, debido, a que no
solo son actores importantes en la búsqueda, formación y estructuración del
conocimiento, sino que además se han convertido en ejes importantes en el
proceso de crecimiento personal de los estudiantes, ayudándolos a convertirse
en seres que puedan desenvolverse socialmente y que puedan
aportar algo al bienestar común.
Esto
lleva a que los docentes de hoy y en general, todas las personas involucradas en la educación, sean personas más humanas, más sensibles, que
generen confianza, pero también que sean
más competitivos, que estén actualizados y en constante cambio e innovación,
pues de ello depende también la calidad de seres humanos que ofrecerán a su
región y al país.
En este sentido, el uso de la tecnología en los procesos de
enseñanza- aprendizaje se convierte en herramienta indispensable que facilita
cada una de las etapas educativas del ser humano, por lo tanto, los docentes estamos llamados a aceptar
en nuestra labor el uso de la
tecnología, convirtiéndonos en impulsores de la misma en nuestros estudiantes, dando respuesta a las necesidades actuales del
entorno tanto laboral como social. De
esta manera, tal como lo menciona Osorio, M. (2012). “Un docente
es un actor en permanente estado de formación, forjado con muchos elementos que
permiten caracterizarle de manera especial”[1].
(p. 10). Así pues, los docentes debemos asumir este reto capacitándonos y
preparándonos continuamente, apropiarnos del conocimiento tecnológico, de tal
suerte que podamos integrar sin problema estas nuevas tecnologías en las actividades
formativas cotidianas, pero además y lo que es muy importante, es que
nos convirtamos en guías y por qué no, guardianes del uso responsable y
adecuado de la tecnología para nuestros
estudiantes.
Para nadie es un secreto que las
nuevas tecnologías han causado una
revolución y un cambio de perspectiva de como visualizamos el mundo en general,
cambiando patrones de comportamiento, de compra, de relaciones interpersonales,
entre muchos otros, y por supuesto de aprendizaje. El acceso a la fácil e infinita información nos
abre las ventanas a más conocimiento, convirtiendo la conectividad en parte
fundamental en el proceso de aprendizaje, aportando experiencias y habilidades que los llevaran a adquirir competencias afines con lo que el entorno requiere.
Como docente y
estudiante, debo admitir que la tecnología adecuadamente aprovechada, abre las
ventanas para nuevos escenarios de interacción con el mundo. En la educación
específicamente hablando, nuevos modelos
pedagógicos de enseñanza y aprendizaje que pueden ser más eficientes y
motivantes para el proceso de construcción del conocimiento (teórico y experiencial) tanto
para el estudiante como para el docente.
[1] Osorio, M. (2012). Unidad 2: Dos actores claves en
el desarrollo de un proceso pedagógico. En curso virtual Inducción a procesos
pedagógicos. Versión 2. Bogotá: SENA. p. 10.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario